El drama de Franklin
La historia comienza en el centro hípico "La Macarena" de
nuestro apreciado amigo José Antonio De Sousa Maciel, el
popular "Morocho" de Turmero. Lo visitamos especialmente por ver la
actuación de nuestra ahijada Maria Alejandra Bruzual, Alejandrita,
quien pese a tener una profesión universitaria, tercamente, sigue en
sus pretensiones de ser jineta. Trabaja a diario y va acumulando
experiencia al tiempo que sueña con transitar el sendero del
triunfo, la fama y el dinero. Tratamos de advertirle lo riesgosa que
es esa profesión y lo difícil que es ese medio, especialmente para
una mujer. De nada ha valido y tampoco los frecuentes reclamos de su
madre Luisa y de su novio, que no la quieren ver en esa actividad.
Ella insiste y Dios quiera que tenga razón y triunfe. Tenemos parte
de responsabilidad en su incursión en esta aventura pero sólo sus
deseos y tenacidad la llevan adelante. Que Dios la bendiga y la
proteja.
En el salón VIP de "La Macarena" visita acostumbrara de personas
ligadas a la hípica. Entre ellos el también amigo Miguel Gesto,
factor principal del stud "Los Gestos", con muchas victorias en el
hipódromo de Valencia. Luego del saludo de rigor la infaltable
charla acerca del hipismo. Nos explica que buscando nueva racha, de
común acuerdo con su compadre Aldo Traversa, cambió sus ejemplares a
la caballeriza de Ismael Martínez. Pasados unos minutos nos habla de
Franklin González, jinete con rendidora campaña en Valencia. Nos
relata acerca del accidente que sufrió en La Rinconada y el difícil
momento que atraviesa. Le fue colocada una prótesis en una de sus
piernas a raíz de la fractura de fémur que sufrió. Al perder la
salud perdió amigos y esposa. Gesto le presta apoyo de acuerdo con
las posibilidades y en acto humanitario.
Trabajamos a puertas abiertas. No es preciso antesala ni previa cita
para atender a quienes gentilmente nos visitan en nuestra oficina.
Sorpresivamente escuchamos su saludo, con voz un poco apagada.
Arrastra un pié y se apoya en un bastón. Es Franklin González. Hemos
tenido amplio contacto con la hípica carabobeña desde sus inicios.
Participamos con mucho éxito con el equipo de mayor sintonía en
compañía de Gustavo Ríos y Omar Kayyan. Desde 1988 hemos tenido
algún purasangre haciendo campaña en ese hipódromo. Luego tuvimos
desempeño como funcionario del INH y manteníamos diario contacto con
todos los sectores. Nos hicimos conocedores del medio y su gente.
Reconocemos la seriedad y profesionalismo que siempre ha acompañado
a Franklin González. Aparte de ello lo recordamos por haber sido el
jinete del caballo El Chalán, primera victoria de nuestro hijo
Oliver. En yunta con Kilo D'Angelo lograron numerosos triunfos.
Franklin González no quiere convertirse en una carga para el INH ni
nada parecido. Anda clamando por una ayuda que le permita desempeñar
un empleo o un oficio que le permita ganarse la vida. Le preocupa,
entre otras cosas, que uno de sus hijos está listo para ingresar a
la universidad y no cuenta con los recursos para apoyarlo. Franklin
nunca fue, ni es, datero ni pedilón. Siempre vivió de su trabajo sin
prestarse para componendas. Por ello no es justo que ahora se le
ignore. La hípica tiene por obligación que atender a sus hijos.
Lamentablemente la estructura que aun permanece pese a los esfuerzos
que se hacen por hacer una reforma total, nunca previó la asistencia
social para sus cultores.
No nos vengan a decir que los jinetes, entrenadores o caballerizos,
no son trabajadores de la hípica porque realmente son el fundamento
de esta actividad, sin dejar de reconocer que son profesionales
libres. La hípica, los burócratas, han sido mezquinos con ellos. La
historia del INH está llena de jubilados que apenas trabajaron o
estuvieron en nómina unos meses y forman parte de la pesada carga
que significan los inactivos. Nunca hubo una previsión para los
profesionales que trabajan directamente con el caballo. Los
beisbolistas resolvieron el problema logrando participación en el
espectáculo. Hoy tienen protección al retirarse o lesionarse.
Es dolorosa la situación que hoy viven muchos de estos profesionales
hípicos. Sólo tienen un inventario de huesos rotos y deambulan cual
fantasmas en busca de una ayuda, de un apoyo que no llega. Si tocan
una puerta, ésta se la cierran en el rostro. El caso de Franklin
González se repite en muchos más que no tienen como pronunciarse.
Por ahí anda también Freddy Acosta, "Gallinita", con unos riñones en
mal estado y prácticamente vive de la generosidad de algunos amigos.
Un gobierno como el actual, que tiene como materia prioritaria el
ser humano, debe borrar la desidia anterior y tender la mano a sus
hijos en desgracia.
El drama de Franklin González y de otros, muchos, no debe ser
ignorado. Hay que buscar la manera de ayudarles de manera
organizada. Hay que crear una protección social que les permita
volver a ser ciudadanos y que no sigan como parias.